16 de junio de 1991, Bombonera. Por la fecha 17 del Clausura 91 Boca recibió a Newell's y le ganó 1 a 0 con gol de Hrabina. Un triunfo que prácticamente le aseguró al equipo del Maestro Tabárez el primer puesto y clasificación a la final de la temporada, justamente ante el equipo rosarino.
Aquella tarde nublada hasta las sirenas de los barcos saludaron la salida de Boca. Y el grito de "Dale campeón" quiso ser un desahogo por los casi 10 años sin vueltas olímpicas a nivel local. Desahogo que debería esperar un año más pero que llegaría con la fuerza que solo la hinchada de Boca puede provocar.
29 de noviembre de 1998, Bombonera. Por la fecha 17 del Apertura 98 Boca recibe a Independiente y empata 0-0. Resultado que combinado con el empate de Gimnasia con Central le alcanza para salir campeón invicto cuando todavía restaban 2 fechas más por jugarse.
Lo que no sabíamos aquella tarde mientras despedíamos al micro en el hotel, llegábamos a la Bombonera y recibiamos al equipo como un campeón merece, es que daba inicio una década de oro en la historia boquense. Diez años únicos, maravillosos, llenos de gloria que no estaba en los cálculos de nadie. Que dificilmente se repitan pero que quedarán por siempre guardados en nuestros corazones.
Un tema recurrente en nuestras reuniones es dirimir qué campeonato fue el más festejado en la historia de Boca. Algo muy difícil de establecer y casi imposible de demostrar.
Passuccis de distintas generaciones opinan y los debates siempre llegan a una conclusión. Los campeonatos de 1954 y de 1992 pican en punta. No casualmente los que cortaron las peores sequías sin títulos locales. Las de 10 y 11 años, respectivamente. Algunos dicen que la primer Libertadores... otros se anotan con el Nacional 76. Pero la mayoría de voces concuerdan en estos dos campeonatos bisagra. El del 54 y el del 92.
Así que cortamos por lo sano y vamos a ponernos a laburar (?). Arrancamos ya mismo aportando pruebas concretas sobre lo que fue y lo que significó Boca campeón 1992. Un desahogo gigantesco.
Si tuviéramos que resumir aquella jornada del 20 de diciembre en una sola palabra sería desahogo. Por supuesto que si pudiéramos elegir otras, hablaríamos de fiesta, locura, nervios, multitud. Pero fue un gran desahogo. A lo Boca. Con algunos excesos (?).
Imposible olvidar los minutos finales de ese partido con San Martín de Tucumán. Una generación y pico de hinchas llegaban al final de un verdadero calvario y empezaban a vivir en carne propia lo que sólo habían podido escuchar o leer en revistas viejas. Lo que se había negado tan cruelmente un año antes en la final contra Newell´s. Así que pedir mesura en semejante momento sería muy de River tibios.
Ver estos videos hoy son obligatorios en nuestras reuniones. Aquella tarde fuimos felices. Y tiramos la casa por la ventana para desahogarnos. No había Aprevide ni organismos de seguridad amenazando con clausurar la cancha. No había nada ni nadie que pudiera frenar la fiesta que se venía. Ni la PFA tirando piedras a la tribuna de socios de Casa Amarilla pudo. En lo que fue una verdadera vergüenza. Pero eso es otro tema.
Disfrutemos de aquel desahogo de Boca campeón 1992. Con bombas y bengalas, capacidad del estadio desbordada, gente colgada en los alambrados, gente parada arriba de los palcos y gente invadiendo el campo de juego. Con Giuntini ensangrentado, con Benetti en estado de shock y llevado a una clínica luego del partido. Con Giunta agarrándose a piñas con un policía para evitar que repriman a la gente que quería dar la vuelta olímpica. Con el alambrado viniéndose abajo en lo que fue una desgracia con mucha suerte. En fin, con la gente saliendo de la Bombonera cantando, riendo, llorando. Se había cerrado una etapa muy oscura en cuanto a resultados deportivos. Pero maravillosa en las tribunas boquenses.
Con esta saga de videos tratamos de revivir lo que fue aquella tarde de la tan esperada consagración. El último campeonato de Boca festejado con el mítico barrilete azul y oro que tenía como misión bajar del cielo una nueva estrella.
Para algunos Passuccis, la mejor salida de Boca a un campo de juego en toda la historia. Puede ser. Es otro tema de discusión que ya abordaremos. Pero es verdad que aquella salida fue apoteótica. Y eso que una hora antes ya se habían tirado muchísimos petardos.
Lo que fue el pitazo de Lamolina para cerrar el primer tiempo. La angustia de todos era indisimulable. Pero despedir al equipo con aplausos fue ponerse al pie del cañón para lo que se venía. ¿Qué se venía? 45 minutos para empatar, salir campeón y evitar suicidios en masa (?).
Poniéndose la tarde al hombro, la gente fue pura esperanza en los 15 minutos de descanso. Sonó ininterrumpidamente “el campeonato local es mi obsesión”. Y así arrancó el segundo tiempo. Decorado con algunas bombas que caían en el área tucumana. Pero nada grave (?).
Imposible describir con palabras lo que fueron los últimos minutos del partido. No se puede.
Pitazo final y desahogo gigantesco. Furioso. Histórico. Inolvidable.
De fondo se escuchan las puteadas a una policía que tiraba piedrazos contra la tribuna de socios. Uno llegó al punto de sacar el arma. Una locura dentro de la locura inmensa que era la Bombonera en ese momento.
Festejos y más festejos. Interminables. Más vueltas olímpicas. La risa de Blas. El gorrito piluso del Beto. El Colorado Mac Allister rindiéndose ante el aliento interminable del Nro. 12.
Festejos en el barrio de La Boca y en las cantinas. Como manda la historia.
El Obelisco copado. La bandera de Boca izada en el mástil y el vals cantado mientras se prendía fuego un ataúd rojo y blanco con los nombres de los jugadores de River. La gloria.
Este título de Boca campeón 92 fue sin dudas uno de los más festejados de la historia. Hoy, con la panza llena, nos permitimos discutir si vale más una Libertadores o una Intercontinental. O si la Copa Argentina vale la pena festejarla o no. Incluso tomar la obtención de un campeonato local como un simple trámite que nos clasifica a jugar una Libertadores.
Pero en aquel momento no había panzas llenas. El campeonato local era una verdadera obsesión. Había hambre en serio. Y eso nunca tenemos que olvidarlo.
Diciembre de 2003. Tras vencer al Milán y coronarse campeones intercontinentales, los jugadores de Boca son invitados al programa de Tinelli. Y como San Lorenzo hasta la fecha jamás pudo salir campeón del Mundo, Tinelli la pide prestada encarecidamente (?) para por lo menos poder tocarla.
15 de agosto de 1981, Bombonera y cancha de Ferro. Como por entonces se jugaban todos los partidos de la fecha al mismo horario, la última jornada del Metro 81 es uno de los recuerdos más preciados en la historia xeneize.
Boca empató 1 a 1 con Racing y se coronó campeón tras el sufrimiento de la derrota en Rosario una fecha antes y el empate de la Academia esa tarde a los 43 del segundo tiempo. Los minutos finales, como no podía ser de otra manera, fueron un parto que incluyó un tiro rasante que se fue rozando el palo de Gatti. En lo que hubiera sido una tragedia (?). La cosa es que el pitazo final fue un desahogo gigante. Aquel Boca con Diego tenía ma´s obligaciones que nunca en salir campeón.
Pero con el título ahí fresquito y festejándose todavía en las tribunas y el campo de juego llegaba el postre. San Lorenzo perdía en Caballito y se iba al descenso convirtiéndose en el primer equipo grande en irse a la Primera B.
Hoy los hinchas del Ciclón cuentan una historia de hadas de que terminaron revoleando pañuelos blancos, pero lo cierto es que se fueron a la B, protestaron el partido, pidieron quitarle los puntos a Argentinos, propusieron desafiliarse y como nada de eso resultó insultaron a los jugadores durante el Nacional 1981 que se jugó en la segunda mitad del año.
Aquella tarde mágica del 15 de agosto de 1981 es imposible olvidarla y es justo rendirle un homenaje. Dificilmente se repita. No porque San Lorenzo no vuelva a descender, de hecho casi lo hace otra vez en 2012. El tema es que ahora la televisión impide que se jueguen simultáneamente los partidos. Una pena. Así que tratemos de recordar aquel 15 de agosto de 1981 por siempre.
Hinchas de Boca saltando al foso para invadir el campo de juego y dar la vuelta olímpica con los jugadores.
11 de diciembre de 1992, cancha de Independiente. Por la penúltima fecha del torneo Apertura 92 Boca visitó a Platense en Avellaneda. Una noche histórica no sólo para los más de 45.000 xeneizes que llenaron la Doble Visera en condición de visitantes, sino para todos los hinchas de Boca.
Tras el mazazo sufrido ante Deportivo Español una fecha antes, aquel partido con Platense era ponerse sí o sí de cara a obtener el campeonato que venía negándose durante 11 años. Y a esa cita a todo o nada concurrió la hinchada de Boca con una certeza. Había que dejar todo y un poco más en las tribunas.
La salida de Boca al campo de juego, el éxtasis del segundo tiempo, los festejos finales fueron apoteóticos. Pero no tanto como el regreso a La Boca caminando. Camiones y autos escoltados por unos 5 mil hinchas cruzaron el Puente Pueyrredón, tomaron por asalto la Avenida Montes de Oca y dejaron bien en claro una cosa: el cielo estaba al alcance de nuestras manos. Sólo había que esperar una semana más. Que se hizo interminable. Pero que finalmente llegó.
13 de octubre de 1994, Bombonera. Boca recibe a River por el partido de vuelta de los cuartos de final de la Supercopa. Un superclásico a todo o nada que, tras el 0 a 0 de la semana anterior, ponía en juego algo más que el honor. La clasificación a las semifinales.
Afrontar semejante parada con Menotti en el banco de suplentes como DT fue darle a River la oportunidad de su vida: eliminar a Boca en la Bombonera en un mano a mano directo. Pero el poder de las plumas (?) no quiso saber nada y pasó lo que tenía que pasar. Clasificó Boca y se desató un verdadero carnaval dentro del estadio, en las calles del barrio. y en todo el país.
Tras el penal definitorio convertido por Gamboa imaginamos la desazón de esa gente orgullosa de ser gallina. Muy gallina, especialmente en este tipo de partidos.
Obviamente el silencio y la retirada cabizbaja cubrieron las dos bandejas superiores del Riachuelo. No sea cosa que alienten al equipo en la derrota. Una derrota que terminó siendo el aperitivo de lo que iba a ocurrir diez años más tarde en el Monumental y sin público de Boca. Una nueva eliminación riverplatense a manos de Boca en un mano a mano.
Por penales, con goles de muleta, en cancha de Boca, en cancha de River, con o sin público visitante, Boca pone lo que hay que poner y festeja.
Muchas sobremesas passuccis finalizan con un tema recurrente. ¿Qué partido de la @HistoriaDeBoca que no tuvimos la suerte de vivir nos gustaría poder presenciar? Y si bien hay muchos que se anotan en nuestro Libro de Actas (?), hay uno que siempre pica en punta. El superclásico del penal que Roma le atajó a Delem.
Pero en lo que nunca podemos ponernos de acuerdo es en qué momento exacto de aquel 9 de diciembre de 1962, si hubiera que elegir uno, quisiéramos que una máquina del tiempo nos traslade automáticamente a la Bombonera. Los momentos más elegidos son:
1) La salida de Boca al campo de juego
2) El instante posterior a que Roma desvió el penal
3) La invasión al campo de juego para abrazar a los hérores
4) El Festejo interminable post partido en las calles del barrio
Los Passuccis que tuvieron la dicha de estar aquella tarde corren con ventaja en este tipo de charlas. Porque ellos apelan a su memoria y pueden dar fe de todos los detalles ocurridos.
Para los que no estuvimos y daríamos cualquier cosa por haber estado, sólo nos queda creer en una máquina del tiempo. O mirar estas fotos, cerrar los ojos y soñar.
11 de octubre de 1992, Bombonera. Boca puntero recibe a River escolta por la fecha 10 del Apertura en un partido clave para encaminarse al título. Y fue victoria boquense 1 a 0, penal atajado por Navarro Montoya a Hernán Díaz y tribunas colmadas de nuestra cancha cayéndosele encima a los jugadores millonarios para hacerles sentir toda la paternidad. Con jugadors del Sevilla, Carlín Calvo y Diego saltando en las plateas medias como si fueran una popular.
Una característica que convierte a la Bombonera, según palabras de mismos hinchas de River, en un verdadero Vietnam para el equipo millonario.
La lectura que hacemos de tildar de "Vietnam" a la Bombonera es darle un significado de territorio hostil, infranqueable, indescifrable. Que así sea por siempre.
11 de abril de 1998, Bombonera. Boca le da vuelta el partido a River y le termina ganando 3 a 2 por el torneo Clausura. Partido en el que River pudo ponerse 2 a 0 arriba cuando Salas erró un penal en el arco de Casa Amarilla.
Tener de hijo a River es hoy una costumbre instalada. Pero que hinchas y hasta jugadores de River se reconozcan y asuman como hijos nuestros, es lo que realmente hay que subrayar. La cara de Hernán Díaz declarando "no les podemos ganar" es una postal que dice todo lo que muchos otros de ellos callan. Se sienten gallinas, pero ante Boca y en la Bombonera es donde más gallinas se sienten. Y eso los hace morir de vergüenza. Y bronca. O ambas cosas al mismo tiempo.
Pasan los jugadores, crecen generaciones nuevas de hinchas, cambian los directores técnicos pero el peso de nuestra camiseta y de la Bombonera es cada vez más influyente en un clásico que hasta fines de los ochenta siempre fue más o menos parejo.
Por supuesto la lista de excusas, esta vez el cansancio, están a la orden del día. Que los arbitrajes, que la suerte, que se lesionó fulano o se resfrió sultano. Pero la verdad es que venir a la Bombonera y tener enfrente miles de hinchas vestidos de azul y amarillo los altera mucho más de lo que creemos.
Para que se produzca una avalancha tienen que coincidir muchos factores. Primero y principal, tiene que haber una tribuna popular con gente parada. Segundo, que esa tribuna popular esté casi pegada al arco en cuestión. Nadie hará avalanchas estando lejos del arco. Tercero, una obviedad, esa tribuna tiene que estar repleta. Y cuarto pero no menos importante, es que esa gente que está parada en una tribuna a punto de reventar, tenga sangre en las venas, sea pasional. Que si la pelota se está yendo desviada cerca de un palo quieran empujarla para que entre. Y que si esa pelota va derecho al gol, no importe nada más que abrazarse con el de al lado, con el de arriba. Abrazarse todos juntos para festejar.
En una avalancha común (?) los pies tienen el tiempo justo para ir bajando los escalones apenas tocándolos. Pero hay oportunidades en que la marea humana baja hacia el alambrado sin que la gente pueda apoyar sus pies en el cemento. Literalmente la gente va en el aire. Para ejemplificar este tipo de casos, nada mejor que lo que en La Passucci hemos denominado, la madre de todas las avalanchas:
2 de agosto de 1981, Bombonera. Boca puntero recibe al escolta Ferro en la antepenúltima fecha del Metro poniendo prácticamente en juego el título de campeón. Faltando pocos minutos, un pase en cortada de Diego deja al Mono Perotti con chances de quedar mano a mano con Barisio. Perotti aguanta un trancazo que a otro tipo de jugador hubiera tirado al piso, y ante la salida del arquero toca suave y a un costado. La marcha de la pelota fue acompañada por una avalancha histórica en la tribuna de Socios. Incluso hay quienes dicen que esa pelota iba camino a pegar en el palo, pero esa avalancha de la hinchada de Boca desvió mágicamente (?) su recorrido mientras unos a otros se empujaban en el aire para empezar a festejar el gol.
Avalanchas hay en todos los estadios del mundo, menos en el de River claro, que detrás del arco no tiene populares sino plateas y que encima están bastante alejadas del campo de juego. Sus hinchas tampoco ayudan a ese tipo de expresiones populares.
La madre de todas las avalanchas ocurrió no casualmente en el arco de Casa Amarilla y en la Bombonera. Una cancha que si algo es, es el escenario perfecto para que los hinchas de Boca podamos sentirnos como en nuestra casa.
Gracias al Passucci Chapa por conseguir el video que días después fue subido al canal de YouTube de BocaJrsHD.
25 de octubre de 1997, estadio Monumental. Por la fecha 10 del Apertura 97 Boca perdía 1 a 0 con River pero en el segundo tiempo se lo dio vuelta con goles de Toresani y Palermo. Gran fiesta del Nro. 12 copando las tribunas, ganando las calles a puro grito y dejando mudos como siempre estatuas a los hinchas de River. Esos que repiten "en las malas (1) mucho más".
El muchacho que aparece en el final del video, confirmaría una costumbre que se repite desde siempre. En los superclásicos jugados en Núñez, las plateas de River están repletas de hinchas de Boca.
(1) Las malas no incluyen empates, derrotas o resultados que signifiquen aliminaciones o triunfos de Boca. Ver bases y condiciones en el Hall o dirigirse a las oficinas del Olé de Farinella.
9 de noviembre de 2003, estadio Monumental. Por la fecha 14 del Apertura 03, Boca le ganó a River 2 a 0 en un partido que pasó a la historia como "el baile del siglo". Una paliza futbolística en el campo de juego y del Nro. 12 en las tribunas que alteró y mucho los ánimos de los hinchas de River. Anotemos: silbaron al equipo en el primer tiempo, cientos (sí, cientos) de hinchas abandonaron a su equipo faltando más de 15 minutos, hubo silencio atroz y con la derrota consumada, tomaron el Hall para insultar al presidente, al DT y a jugadores hasta entonces ídolos (?) cómo Coudet. En fin... nada que nos sorprenda demasiado.