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lunes, 29 de septiembre de 2014

Passucci extermina a Sabella en 9 minutos 1982

2 de mayo de 1982, Bombonera. Por la primera fase del Nacional Boca recibía a Estudiantes en un partido clave para jugarse la clasificación a la ronda siguiente. Objetivo que no se lograría tras el 1 a 1 frente al futuro campeón. Aquel recordado equipo Pincha tenía un mediocampo con mucho manejo, motivo por el cual, el Polaco Cap eligió a Passucci como encargado de romper todo. El circuito de juego y a los rivales también.
Y así fue como nuestro héroe tardó apenas 9 minutos en exterminar a Alejandro Sabella con un par de fouls y un planchazo. Acciones que por supuesto despertaron el enojo de la prensa y el amor de los hinchas de Boca.
Es en esta clase de partidos bravos que queremos siempre a jugadores así. Que transpiren nuestros colores y, si hace falta, le hagan sentir a los rivales el rigor de enfrentar a la camiseta más linda del mundo.
Fuente: revista El Gráfico número 3265 correspondiente al 4 de mayo de 1982.

martes, 28 de enero de 2014

Patada de Passucci a Amuchástegui 1986

Así a simple vista podrá parecer una patada más, de las tantas que pegaron jugadores de Boca a jugadores de River en la historia. De las tantas que pegó Roberto. Por supuesto no es la patada a Ruggeri ni la de Krupoviesa a Montenegro. Pero esta patada, calladita la boca pero demoledora, puso a un jugador millonario 48 segundos en el piso. Cuando el récord en nuestros archivos eran los 43 segundos de Troglio tras el hachazo de Hrabina en noviembre de 1986.

Como River nunca hace tiempo, entendemos que aquel 6 de abril de 1986 en la Bombonera, Amuchástegui tuvo 48 segundos de dolor intenso en su pierna. Tiempo que entendemos difícil de superar. Pero tratándose de gallinas, nunca se sabe.

martes, 3 de diciembre de 2013

La patada de La Passucci

27 de octubre de 1985, estadio Monumental, círculo central, 28 minutos del segundo tiempo. La pared con Stafuzza queda un poco larga, demasiado. Va Passucci a buscar esa devolución, la pelota picando, Ruggeri con la camiseta de River viniendo de frente. En ese instante todos soñábamos con empatar aquel superclásico que terminaría en derrota 1 a 0. Pero si algo soñábamos miles y miles y miles de hinchas de Boca de aquel entonces era verse en la encrucijada en la que quedó nuestro héroe. ¿Ir a buscar la pelota o la pierna de Judas? Era una oportunidad histórica. Y tal vez, la prueba de que Dios existe (?).
Por supuesto Passucci ya era Passucci antes de ese jugada. Pero a partir de aquella patada de reparación histórica pasó definitivamente a la inmortalidad. No estamos jodiendo.
Passucci no pensó ni midió consecuencias. Actuó como lo que era: un hincha de Boca. Hizo lo que había que hacer. Ojo que en una de nuestras últimas reuniones, un integrante de La Logia lo acusó formalmente a Roberto de haber sido bastante light. Lo que desató una feroz interna (?) entre los que lo acusaban de no haberle entrado con las dos suelas y los que lo defendían del ala más fundamentalista de La Passucci. Interna que fue cortada de cuajo por dos puñetazos de Roberto en la mesa.
Lo cierto es que Passucci lo dejó a Ruggeri como una nenita llorando en el círculo central de la cancha de River. Acción que hoy seguramente le valdría críticas propias por dejar al equipo con 10 y sería un manjar para periodistas indignados en tele y radio.


Nosotros no quisimos ni queremos analizar tanto. Aquella patada, que en realidad era mucho más que una patada, había que pegarla y Passucci la pegó.



La revista El Gráfico intentó juntar a Passucci y a Ruggeri en una nota que no pudo ser porque Roberto se presentó pero Judas abandonó y no fue. Otro acto que pintaba de cuerpo entero a un Passucci que no contento con ir y poner el pecho a las balas, le tiró cara a cara un par de verdades atragantadas al periodista en cuestión:



Es el día de hoy que mucho creen que la patada a Ruggeri fue tan festejada sólo por su ida a River. Lo que no sería del todo correcto. Acá hubo algo mucho más grave que eso.  Estamos hablando de usar a Boca para fines propios, olvidarse de los orígenes, fogonear una huelga de imprevisibles consecuencias institucionales y deportivas, irse a River y desde allá reirse como si nada hubiera pasado.
Durante 1984, Boca vivió su peor crisis institucional, económica y deportiva. No estuvimos ni cerca de descender, pero sí de desaparecer como club. Y aquellas horas, días, semanas y meses de angustia y de chicos que, como quien escribe, se iban a dormir llorando después de ver Nuevediario y escuchar que Boca podía dejar de existir, no le podían salir gratis a nadie. Se llamara como se llamara. 



Para que quienes no vivieron aquella época puedan más o menos darse una idea, Ruggeri era ídolo de Boca. Hincha, jugador nacido de las inferiores, campeón en 1981, pasta de caudillo, voz de mando, metedor, temperamental. Buen marcador central, gran cabezazo en las dos áreas, hacía goles. En fin, todos requisitos que enseguida lo metieron dentro del corazón del hincha. Por eso su traición fue imperdonable.
Y cuando hablamos de traición, ponerse la camiseta de River fue la frutilla del postre. Aquel 1984 donde Ruggeri, Gareca y Cóppola quisieron mejorar sus contratos llevando a todo al plantel a una huelga y al club a una situación terminal tuvo la resistencia de otro grupo de jugadores encabezados por Roberto. Grupo que hacía público sus justificados reclamos salariales pero querían jugar. Querían poner la cara en el campo de juego y no tenían en su agenda dejar a Boca sin jugadores profesionales.
La huelga quemó a una generación de juveniles, los obligó a hacerse cargo de algo para lo que no estaban preparados y terminó humillando al club en partidos que hoy a la distancia son de ciencia ficción. Como el 1-5 contra Argentinos haciendo de locales en la cancha de Gimnasia de La Plata.
Los que durante 1984 vivimos un año escuchando que Boca iba a desaparecer, los que vimos y alentamos a los pibes de la cuarta que perdían y perdían, o los que simplemente nos conformábamos con tener camisetas suplentes con números de verdad queríamos pegar esa patada sí o sí. Gareca estaba segundo en la lista y, probablemente dándose cuenta de su vil accionar de 1984, se llamó a silencio para siempre.
La cosa es que pasó aquel nefasto 1984 y como regalito de reyes (?) en enero de 1985 Ruggeri y Gareca desembarcaban en River. Imposible de digerir con todo tan fresco. Por suerte, tipos como Roberto salían a bancar la parada y decían las cosas sin pelos en la lengua:

Clic para ampliar.

El destino, Dios, la vida o quien haya sido armó la mejor escenografía. Cancha de River, círculo central, Ruggeri de frente, Stafuzza que la tira larga y Roberto yendo con todos nosotros atrás.
Después vino la expulsión. Anecdótica, polémica (?) pero expulsión al fin. El Tolo Gallego que se hacía el ofendido, Veira que se agarraba la cabeza. Y Roberto, temple de acero, sin escenas de histeria ni necesidad de empujarse con policías para que las cámaras lo filmen, se fue a las duchas con la tranquilidad de la misión cumplida. Caminando lentamente. Apenas se permitió mostrarle el pulgar hacia abajo a la San Martín y hacerles pito catalán para descomprimir un poco la situación (?). Eso sí,  antes de meterse en el túnel no olvidó apretarse bien fuerte la camiseta de Boca a la altura del corazón mientras toda la tribuna de Boca lo ovacionaba como lo que ya era. Un héroe.



Esta acción de Roberto, para algunos es sólo una patada. Pero no. Esta jugada, sin proponérselo, dio origen al movimiento Passucci. Una Logia Secreta con espíritu de justicia, con ansias de trabar con los tapones de la verdad para poner las cosas en su lugar. Trabarle especialmente a La Corpo y a los hinchas 2.0 que tratan de reescribir la historia a su antojo. Pero no se las vamos a hacer fácil. No señor. Acá está La Passucci.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Passucci escucha a la gente 1985

15 de septiembre de 1985, cancha de Huracán. Boca visita a Huracán y lo derrota 2 a 1 por la primera rueda de la temporada 1985/86. Un partido grabado en nuestros corazones porque tuvo todos los condimentos para ser un partido Passucci. Por ahí le faltó que Boca tuviera tres o cuatro expulsados, pero no todo se puede en la vida (?).
La cosa es que el empate de Boca fue obra de Roberto Passucci. Empate demorado ya que el empuje en las tribunas y en el campo de juego tuvo su recompensa recién a los 35 minutos del segundo tiempo.
Y si un gol costó tanto conseguirlo sería de tibios festejarlo a la pasada. No señor. A colgarse del alambrado, a quedar cara a cara jugador e hincha y gritarlo con alma y vida. A lo Boca. Quedaban diez minutos., tiempo de sobra para que Boca diera vuelta el partido. Cómo no tomarse entonces 30 o 40 segundos para que jugadores e hinchas se unieran en el festejo.
Roberto escucha el grito del hincha. Y el hincha escucha el grito de Roberto. Y entre tanto barro y lluvia, hasta nos cuesta poder darnos cuenta quien es quien.

viernes, 22 de marzo de 2013

El caso Passucci 1984

14 de enero de 1984, estadio Minella. Boca golea al Racing de la B por 4 a 2 en la Copa de Verano y Roberto Passucci juega un partidazo. Cosa que provoca un análisis que tiraba por tierra la hipótesis fácil de que sólo sabía pegar patadas. Ojo, las pegaba y muy bien pegadas. Pero Roberto no era ningún negado con la bocha en los pies. Sólo que si el partido o la situación lo requería, él siempre estaba dispuesto para el combate. Cosa que a los boquenses nos llena de orgullo.
Porque los hinchas de Boca nos permitimos festejar las patadas siempre y cuando sean dadas por nuestros jugadores. Para festejar las patadas de los jugadores de Excursionistas ya están los hinchas de River..
Fuente: revista El Gráfico número 3354 correspondiente al 17 de enero de 1984.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Gol de Passucci a River 1983

5 de octubre de 1983, estadio Monumental. Por el Metropolitano 83, Boca visita a River y arranca perdiendo casi desde los vestuarios por un gol de Tapia. Pero a los 28 del primer tiempo, el silencio se apoderó de las tribunas locales cuando un tiro libre para Boca aterrizó dentro del área y nuestro gran Roberto Passucci se elevó, conectó de cabeza y la clavó arriba venciendo a Puentedura.
Alarido del Nro. 12 y un gustito que nos queremos dar para con los amigos riverplatenses que nos ametrallan a mails diciendo que sólo nosotros podemos tener como ídolo a "un burro que se hizo famoso por pegar una patada". Señores, que Passucci haya ajusticiado al traidor número 1 en el círculo central del gallinero, no significa que su vasta trayectoria en Boca no tenga otros mojones también importantes. Roberto le aportó a Boca sacrificio, garra, media distancia, pelota parada, goles a equipos de la A y a River, una vuelta olimpica y compromiso en todos los puestos, hasta siendo arquero.
Y ya que a esta gente los pone nerviosos un jugador que pega patadas, le queremos mostrar hoy otra faceta de Roberto Passucci: su cabezazo. Capaz de empatar un partido que Boca iba a terminar ganando 2 a 1, y capaz de provocar ese silencio atroz que sólo en esa cancha se puede vivir.


Gracias a los Passuccis de Historia de Boca por el video.

viernes, 12 de octubre de 2012

Jugar a lo passucci como hacía Passucci 1983

3 de septiembre de 1983, cancha de Ferro. Boca perdía 4 a 0 y se comía tremendo baile contra Ferro por la fecha 16 del Metro 83. Pero para Passucci perder por goleada no significa bajar los brazos. De ninguna manera. Perder por goleada es no defender la azul y oro. No transpirarla.
Luchar hasta el final, no dar por perdida ninguna pelota, marcar a muerte haciéndole sentir el rigor al adversario es, en definitiva, honrar la camiseta de Boca. Y eso es justamente lo que valora el Jugador Nro. 12. Y de lo que se enorgullece.
Pobres los que decidieron alentar a su equipo pero solo si juega bien. Y que ahora se están replanteando seriamente cambiar de identidad.
Fuente: revista El Gráfico número 3335 correspondiente al 6 de septiembre de 1983.

martes, 7 de febrero de 2012

Patada de Passucci a Gareca 1985

26 de febrero de 1985, estadio José M. Minella, Mar del Plata. Se juega el superclásico por la Copa de Verano y las miradas de todos están puestas sobre Ruggeri y Gareca asomando al campo de juego con la camiseta millonaria para enfrentar por primera vez a Boca. Suceso que de entrada iba a ser ajusticiado como correspondía.
Gran acción de Roberto Passucci a poco de iniciado el encuentro, cortando y levantando por el aire toda la humanidad del Flaco Gareca. Jugada que, por supuesto, le valió la ovación del Jugador Nro. 12.
En La Passucci no avalamos la violencia, pero entendemos que el fútbol es un juego de hombres en donde por lo menos los boquenses, muchas veces, pensamos con el corazón más que con la razón. Y así actuaba Passucci dentro del campo de juego defendiendo la mística boquense.
Párrafo aparte, una pregunta. ¿a quién le interesa si Gareca perdonaba o no al hincha de Boca por los silbidos e insultos que se ganó esa noche ante semejante acto de traición?

lunes, 2 de enero de 2012

Passucci festejando como lo que es: un hincha de Boca 1981

29 de noviembre de 1981, Bombonera. Boca perdía 1 a 0 contra Estudiantes por la fecha 14 del Nacional. Promediando el segundo tiempo, el árbitro Barraza cobró un claro penal para Boca y los hinchas xeneizes, explotaron de alegría ante la posibilidad concreta de empatar un partido muy chivo.
Y cuando hablamos de hinchas xeneizes nos referimos tanto a los que habían llenado las tribunas como a los que estaban dentro del campo de juego. Como el gran Roberto Passucci, un hincha más pero dentro del once titular.
Así festeja un verdadero hincha de Boca. Darle rienda suelta a la alegría, ser demostrativos, efusivos, espontáneos y sobre todas las cosas, pasionales es parte del ADN boquense. En la foto queda a las claras como reacciona un hincha de Boca y como miran los traidores demás. Casualmente (?) Ruggeri y Gareca.
Fuente: revista Estadio correspondiente al martes 1 de diciembre de 1981.

jueves, 27 de octubre de 2011

Passucci le hace pito catalán a la platea San Martín 1985

Hemos visto tantas veces a jugadores de River irse expulsados en la Bombonera en medio de escenas de descontrol y hasta con crisis nerviosas, que pasan los años y la gesta de Roberto Pasucci el 27 de octubre de 1985 en el Monumental, cobra cada vez mayor dimensión.
Tras la patada justiciera a Ruggeri, Passucci no se puso a vender humo ni a hacerse el loquito. Nada de eso señores. Como su misión estaba cumplida se comportó como un caballero y no entró en tumultos ni provocaciones. Es más, se tomó las cosas con mucha calma. Muchísima. Miró los pechazos de algunos jugadores millonarios hacia el árbitro y casi que enfiló a los vestuarios sin esperar toda la ceremonia de la tarjeta roja en el aire. Boca estaba perdiendo así que no había tiempo que perder.
La caminata de Roberto hacia el túnel, ni lenta ni rápida, más bien a paso normal, llevó de fondo la ovación del Jugador Nro. 12, mientras el Bambino Veira se hacía el ofendido y la platea San Martín descargaba una catarata de insultos.
Passucci, muy tranquilo, levantó pulgares hacia la tribuna Centenario donde estaba la hinchada de Boca, se besó la azul y oro y llegando casi a la pista de atletismo le hizo pito catalán a toda la San Martín. Con qué poco se puede alterar a tanta gente junta. Gracias Roberto. La mística boquense quedó a salvo.